miércoles, 10 de febrero de 2010

LA TRISTEZA DEL ALMA

Querida Lolilla estamos a finales de este mes de enero de 2010 y quisiera decirte ¿Quién no ha sentido en algún momento de nuestra vida tristeza, amargura o resentimiento? Sobre todo cuando se ha perdido a un ser querido. Nadie escapa a estos sentimientos y el sentirlos de vez en cuando es normal, es parte de nuestra naturaleza humana. Llorar es bastante sano cuando se trata de un acontecimiento como ha sido tu fallecimiento, el llanto es parte de nuestra liberación. Pero ¿Qué pasa cuando estas emociones nos quedan alojadas en nuestro corazón de manera permanente?, cuando el dolor, la amargura y la tristeza representan nuestra propia personalidad, lo que llamaríamos "el cansancio de la vida" se apodera de nosotros cuando vemos que a pesar de nuestro esfuerzo, las cosas "nunca funcionan", "todo nos sale mal" porque "la vida a veces ha sido muy injusta con nosotros". Es entonces cuando el resentimiento, la autocompasión y la tristeza pueden quedar instalados en nuestro corazón de manera permanente. Esta actitud hace que todo en la vida lo veamos a través de un "cristal empañado", es decir, nuestra perspectiva de vida se torna gris, ya no vemos la belleza de la vida, los buenos momentos se vuelven indiferentes ante nosotros, dejamos ir oportunidades y empezamos a crear una realidad falsa al creer que "nadie nos quiere" o "todos quieren hacerme daño", nuestra visión actúa y distorsiona todo desde nuestro cristal. Ningún medicamento, dieta o ejercicio pueden evitar o curar dicha enfermedad si no nos conectamos con la alegría de vivir, con el amor a la vida. La alegría es la única medicina para un corazón que revive constantemente en su presente las heridas del pasado. Sin la alegría, nuestra vida se frena, ya no queremos saber nada, estamos deprimidos y con un constante dolor en el corazón. Sufrimos también a causa de nuestra soledad por tener nuestro corazón cerrado

Fuisteis la mejor amiga durante más de 50 años, en los cuales recibisteis mucho amor, pero más me ofreciste tu, siempre estabas dispuesta a reconfortar a cualquier miembro de la familia fuese cual fuese el problema, si yo estaba mal ahí venías tu a ofrecerme tu maravillosa compañía. No hablabas, pero con miradas y gestos nos entendíamos a la perfección, eras la persona más inteligente, noble, preciosa, bondadosa del mundo, no soporto no tenerte en casa, no oír tus palabras, echo de menos nuestras charlas en el sofá del salón. Nuestro hogar está vacío sin ti y nuestra familia fracturada de mala manera por ese fallecimiento tan súbito.
Yo soy de las personas que me gusta ayudar, me gusta escuchar a mis amigos (aunque no tengo amigo si no compañeros), darles la mano en lo que necesiten, pero soy muy duro para dejarme ayudar, porque pedir ayuda significa abrirme y decirle al otro lo que me está pasando, es reconocer que estoy mal y que no puedo resolverlo solo. A veces creo que nadie me quiere ayudar, que no le importo a nadie, creo que eso es falso, lo que pasa es que no se pedir ayuda y lo que es peor, no la quiero recibir y alejo de mi a los que se me acercan con esas intenciones.
De pronto, sin darnos cuenta, uno se despierta un día y se da cuenta que no tiene deseos de levantarse, que le pesan los ojos, que no quiere mirar, que las sabanas son el perfecto lugar de "refugio", pero, hay que salir, levantarse y no hay ganas, de nada, no queremos ver a nadie, nos falta voluntad, decimos bueno es un día de bajón y lo dejamos pasar, en otra ocasión nos damos cuenta que nos invade una angustia inexplicable y sentimos unas tremendas ganas de llorar ¿pero porque? Porque nos viene a nuestra mente ese ser que tanto queremos y que nos falta desde hace tiempo, cualquier cosa nos da el motivo justo para llorar por el. Y ese sentimiento, esa sensación va creciendo y se hace más fuerte, cada vez es más seguido que nos sentimos mal, esa opresión en el pecho, es como una prensa que no nos deja respirar, nos duele y solo queremos estar solos y a oscuras, que nadie se acerque, que nadie nos vea.
La mayoría de los días, siento que mi vida no vale la pena, y si no fuese por estos tres nietos que tengo que cuidar sobre todo a Dieguito que es muy pequeño ,solo seis años, se que no lo superaría, preferiría no despertar una mañana. Sé que a medida que avanza el tiempo, me encuentro cada vez mas solo, cada cual va haciendo su vida, pero no me siento con fuerzas ni ganas para probar cosas nuevas, que puedan sacarme una ilusión de mi y seguir adelante en la vida Para mantenerme distraído, procuro mantenerme ocupada mi mente haciendo cosas, no puedo estar quieto, pero tampoco encuentro nada que me llene plenamente, no estoy satisfecho en ningún lado. Me siento sin ilusión en la vida, metido en un túnel del que ni puedo ni creo que quiera salir, para intentar cambiar mi vida, simplemente dejo que los acontecimientos "pasen".
Muchas veces pienso que si estuviese aquí a mi lado a mi Loly, llegaría esa ilusión para levantar la cabeza y mirar al futuro (un futuro que se está acabando a pasos agigantados). No sé como describirlo, pero me siento desengañado de la vida, después de haberte perdido, como si ya estuviese " de vuelta “en la misma, tengo 74 años, y ya no espero nada bueno. No veo delante de mí más que un futuro que no me gusta nada, y no tengo fuerzas ni ganas para intentar cambiarlo. Sé que es difícil de entender, pero es más o menos como me siento. Aunque a decir verdad el ser humano, somos capaces de vivir con el pasado, soñar con el futuro y, sobrevivir con el presente, ¡¡qué bonito seria en poderte abrazar, pedirte una caricia y recibirla!!
Lolilla me decías que en todos los Géminis hay una necesidad profundamente arraigada de disfrazar sus verdaderos motivos es decir que tienen dos personalidades distintas. Los Géminis sabemos instintivamente cuales son los puntos débiles de cada persona y somos capaces de valernos de la rapidez de nuestra mente. Tengo 74 años fallecisteis hace mas de 4. Sigo muy deprimido, no sé qué hacer con mi vida. Lloro te extraño mucho, a veces le pido a Dios que me lleve de este mundo y me deje estar contigo. El dolor es muy fuerte inaguantable y aceptar que ya no estás es insoportable,
Yo converso mucho con mi Loly, sus fotografías, las que están puesta en mi cuarto en la pared y con aquellas que tengo guardadas en el baúl de los recuerdos, cada vez que estoy triste o cuando me siento solo acudo a ella, me da fortaleza y termino sintiéndome mejor, la realidad es que cada lunes la visito en el cementerio y no sabéis amigos cuanto me hace falta ahora su presencia, cuanto no daría por sentir sus caricias que con tanto amor me prodigaba, si supierais ahora como la busco, sigue siendo mi mejor amiga, mi compañera, mi esposa nunca seré un viudo siempre estará ella en mi corazón por lo tanto ella vive en mi y por ese motivo jamás seré un hombre sin esposa, cuando me pongo delante de su nicho mirando solo su foto le digo bajito “Te quiero Loly”, le pido que me perdone por los muchos besos que no le di y por no haberle dicho te quiero tantas veces como ella se merecía, solo me responde el silencio y noto una ligera brisa que acaricia mis mejillas, sé que es ella.
Llevó toda la noche admirando el cielo desde mi ventana. Las estrellas brillan tan intensamente que forman dibujos en el firmamento, la noche es más oscura que habitualmente. Si no fuera por las luces del cielo, todo estaría sumido en la más profunda oscuridad, como la oscuridad que rodea mi ser y mi alma. Me queda tu sonrisa Lolilla dormida en mi recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidaré; pero, al quedarme solo, sabiendo que te he perdido, tal vez empiezo a quererte como jamás te quise. Te digo adiós, no mejor hasta luego y acaso, con esta despedida, mi más hermoso sueño muere.
No encuentro las palabras que describan lo que me hace sentir por ti Lolilla, esto lo escribo tal cual nace desde el fondo de mi corazón. Tu muerte ha dejado un gran vacío en mi vida, nunca imagine partirías tan pronto de este mundo, quedaron tantas cosas por decir y hacer que hoy tengo una mezcla de sentimientos. Siento rabia conmigo mismo. Me siento morir porque tenía la esperanza de llevarte a ese lugar donde vimos el amanecer, cuando tu alma partió a otro lugar.
Esta noche tuve una velada junto a ti. Me imaginé que alumbrabas mi cuarto con tu presencia, y hasta me atreví buscarte en mi silencio, mi mente recordó tu olor, me imaginé frente a mí tu linda cara, viajé en esos ojos grandes llenos de vida. La noche recién nacida se acomodó a estar oscura, y te volví a sentir junto a mí, sentí tu mano agarrando la mía. Fue una noche de velada junto a ti, sin estar contigo. En el silencio de la noche, escucho mi voz interior, el fluir de mis pensamientos que repiten a cada momento tu nombre: Loly, Loly, Loly. No quiero renunciar a mi pasado porque ha sido mi vivir de muchos años, igual que no quiero renunciar al recuerdo de mi primer amor y único, mi Loly, igual que no quiero renunciar a los recuerdos de mi infancia. Pero admiro mi vida, vuelvo los ojos a mi pasado, ¿es que no hubo nada grande? Porque mi vida mereció la pena, mi pasado ha merecido la pena, como merece la pena mi amor primerizo que sólo es eso, pero que cuando lo miro con el paso de los años siento deslizarse nuevamente la alegría de la juventud por mi memoria. Así todos esos instantes, no los pierdo, no los arrojo de mi recuerdo. Los pongo en su sitio, porque son míos, porque han sido mi vida, porque me han ido haciendo. Porque he sufrido, sí, pero he soñado, he amado, he luchado, he reído, y esos malos momentos, largos a veces, me han hecho más humano, más conocedor de la debilidad de nuestra existencia.
Y quizá en la soledad y el sufrimiento haya encontrado la llave de mi corazón, aquella que permite acercarse a la vida, mirándola con admiración o con misericordia. Porque sólo quien no sufre, quien no ha conocido en su vida el dolor, la soledad, la tristeza, sólo quien no ha sufrido dirá que guardas rencor. Pero yo, que he sufrido, que he soñado, que he amado y sigo amando y que he sentido el zarpazo de la soledad.
Cuando me atreva a sonreír ante mis recuerdos, podre andar sobre el camino de mi vida con la satisfacción de quien se ha atrevido a vivir, de quien ante la dura existencia decidió asumir el reto de vivir sin miedo a la vida. Y esto, aunque haya traído como consecuencia el sufrimiento y el dolor me ha engrandecido con un corazón que sabe comprender. Hoy es uno de esos días en los que a pesar de lo que he escrito en el otro párrafo no estoy conforme, es un fin de semana y los fines de semana son terribles odio de verdad el seguir viviendo, estamos a finales de enero de 2010, un mes largo no solo por la economía domestica, si no por lo largo que se hacen los días, solo entre estas cuatro paredes los recuerdos se agolpan y los ojos no dejan de llorar miro tus fotografías y aun sigo sin comprender que no estés a mi lado.
Tengo una fotografía delante mío en la cual estamos tu hija Machu, Oscar muy pequeño y nosotros dos, yo te tengo la mano sobre el hombro y tú me la tienes cogida con tu mano es en Candelaria al lado de uno las estatuas de los Guanches, siento pena y al mismo tiempo alegría ver que éramos dos personas que se querían y que siempre estábamos uno al lado del otro, son recuerdos que nunca se olvidaran y yo mientras te miro una pequeña lagrima se desliza por mi cara, recuerdo tus sonrisas y tu alegría de vivir, Dios no me dejo más alternativa que llevarte con él y dejarme completamente solo, porque a pesar de tener tantos hijos, estoy solo, creo que los únicos que me quieren de verdad son nuestros nietos, Andrea y Dieguito, claro que los demás tienen su familia y es lógico que se dediquen a ella, pero echo en falta un abrazo a veces un beso, se que ya nunca más estaremos reunidos todos juntos, y primero porque faltas tú y segundo porque ellos, tus hijos no están en donde hemos vivido siempre, cada uno ha tomado un derrotero de su vida y se dedican a ser felices en su entorno con su familia, creo que con esto he explicado mis ansias de cariño, que nunca me faltaron cuando estabas tú a mi lado, ahora ya no hay ninguna y solo la soledad me acompañara el resto de mi vida.
Pienso en las noches solitarias que se pasan solas en el lecho, sin un pecho donde apoyarse, sin una mano que se deslice en medio de la noche en la piel, sin un suave o apasionado beso, pero no, ahí estás, en la soledad de nuestra habitación, pensando o creando fantasías, cuando abres los ojos te das cuenta que estás solo y sientes unas ganas terribles de llorar, te preguntas el porqué de la soledad, todos pasamos algunos momentos de soledad frente a nuestros seres, por circunstancias pero si eso persiste ya tenemos un problema que nos está haciendo daño. Esa soledad es mala.
Hay momentos en que me siento bien, tranquilo, relajado, en aparente calma y de pronto un recuerdo tuyo se asoma a mi mente y abajo toda mi tranquilidad y siento en mi interior la ebullición y el desasosiego que produce, y mi calma queda en el aire y en esos momentos soy capaz de decir o hacer algo de lo que luego me arrepentiré. En estos días, mi mente se llenó con un sinfín de recuerdos, y me he visto en la casa en que transcurrió parte de mi infancia, poca fue ya que a los 3 años nos vinimos a Marruecos. En la planta baja, había un jardín con un patio, donde solía acudir a jugar me acuerdo que estaba allí y me caí y me di contra una maceta
Es increíble con la rapidez que transcurren los días, casi sin darnos cuenta ya han pasado cuatro años y medio desde tu marcha a pesar de que los días son largos y tediosos pero casi sin sentirlo nos encontramos ya en el mes de Febrero del año 2010. Me he dado cuenta de que tiendo a relacionar algunos sabores con ciertas emociones o recuerdos. Y una nueva estrella brilló en el Firmamento. Es la sensación que me ha dejado en el alma la partida de mi querida Lolilla, como cariñosamente la llamaba. Vivió conmigo más de 50 años y ya lo creo que su presencia dejó huella. Esta experiencia me ha reafirmado también lo consoladoras que son las lágrimas vertidas en el momento oportuno, lavan las heridas y aceleran su proceso de cicatrización, y es gracias a ellas que poco a poco puedo volver a sonreír. Me alegra saber que partió en paz, como tantas veces me comentó y como le gustaría que fuera su muerte. Simplemente se durmió y entre sueños lanzó su último suspiro y emprendió este viaje con la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos.
Cuando se pierde la capacidad de soñar despierto, pierdo la ilusión y la esperanza, pierdo la confianza en mí mismo y en los demás, ya no espero nada más de la vida y solamente vivo porque tengo que seguir sobreviviendo. Uno termina sintiéndose vacío, sin sentido, es un sentimiento tan espantoso que ni siquiera puedo describirlo, no encuentro la manera de lograr que se vaya, haga lo que haga cada vez tengo menos esperanzas.
Cuando la tristeza se apodera de mi me entran ganas de llorar. Puedo desahogarme escribiendo y recordando cosas que pensé que han sido olvidadas, pero no es así, nunca se me olvidan, los recuerdos siempre viven latentes en mi. Por eso se llaman “recuerdos“, siempre están junto a mí. Muchas veces nos sentimos tan solos que la única compañía es nuestro PC, allí escribimos lo que quizás en palabras no logramos decir en vivo. Las tristezas del alma son las más difíciles de sanar porque son algo que se levanta con nosotros y también se acuesta en nuestra cama. Siempre que escribimos algo, es para que otra persona nos lea y sienta que necesitamos algo de ellos, quizás una llamada o simplemente unas palabras de aliento. Cuando llegue el día triste, cuando nada salga bien en nuestras vidas, cuando sintamos que sólo hay cabida para la tristeza recordemos los momentos alegres que también tuvimos. Escribamos lo que sea cualquier cosa, sobre todo por algo que nos trajo mucho dolor, quizás sea el que nos hayan separado de nuestro ser más querido al cual queremos mucho y hoy nos cuesta olvidar que un día se fue para siempre, no tenemos valor para enfrentar esa situación, de allí nace la tristeza de nuestra alma. No olvidemos que la pena y la tristeza son vacíos de nuestras vidas, algo que queremos y no tenemos, ese algo que nos hace despertar queriendo estar en otro lado y en otro momento.

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